La corrupción es un obstáculo considerable para el desarrollo económico y social en todo el mundo. Tiene impactos negativos en el desarrollo sostenible y afecta particularmente a las comunidades en situación de pobreza. Para las empresas, la corrupción impide el crecimiento, aumenta los costos y plantea graves riesgos legales y de reputación. Además, aumenta los costos, impide la competencia leal, la inversión extranjera a largo plazo y distorsiona las prioridades de desarrollo. Por otro lado, continúan surgiendo nuevas y más estrictas regulaciones anticorrupción en todo el mundo.

Combatir la corrupción es una tarea continua que se debe permear a todos los colaboradores y grupos de interés desde la Dirección General. Es fundamental crear un ambiente de confianza y transparencia hacia los grupos de interés: Clientes, Proveedores, Accionistas, Colaboradores, se deben establecer y difundir reglas y políticas claras alineadas a la estrategia, misión, visión y valores de la empresa, así como una identificación y gestión de riesgos e implementación de controles para la administración y sostenibilidad del negocio.

Es importante tener una comunicación abierta y clara hacia dentro y fuera, debemos promover la cultura de denuncia, a través de diferentes canales de acuerdo a las necesidades de cada organización, lo que nos ayudará a medir el impacto de las acciones con indicadores como el fraude interno, las denuncias recibidas de Proveedores, Clientes o denuncias internas hacia otros colaboradores; cuando están en semáforo verde y van a la baja significa que no hay colusión entre ellos y que se está viviendo una Cultura de Cumplimiento.